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 Relatos de marzo

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¡Joróbate Flanders!


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MensajeTema: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 11:25 am

Pues aquí van los relatos de la edición de tercer mes del año. Han sido justo 6, por lo que si habrá edición. Suerte a todos los participantes. Pongo un mensaje por relato para mejor lectura.

Os recuerdo que la fecha máxima para votar es el día 25 de marzo. Se debe votar 1 y 2 puntos a los relatos que más nos gusten y 1 punto al que nos parezca más original (se puede votar a un mismo relato en las dos categorías).

También os recuerdo que se pueden comentar los relatos en este mismo tema, mandarme los comentarios por mp o ponerlos en el tema en que saldrán las puntuaciones.


Última edición por Kira el Jue Mar 25, 2010 5:58 pm, editado 1 vez
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¡Joróbate Flanders!


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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 11:27 am

RELATO Nº1: Sin título I

Anochecía en Awkernville, la calle principal estaba vacía, solamente un hombre la atravesaba, recordando el mensaje que cinco días antes le habían dejado en el contestador:
“Hola Justin, ¿cómo estás? Soy Michelle Lafleur, ¿te acuerdas de mí? Quizás puede resultarte un tanto extraño que te llame tras diez años sin vernos, pero es que estaba viendo las fotos del instituto y no he podido evitar llamarte. ¿Qué te parece si nos vemos el viernes a las 10 de la noche en el bar que hay enfrente del edificio de correos? Así nos tomamos algo y recordamos los buenos momentos que hemos pasado. Espero que puedas venir, si es así, hasta entonces”.
Michelle... ¿Cómo iba a olvidarse de ella? Con 18 años habían estado saliendo juntos, aunque lo dejaron porque le consideraba demasiado soso y a Justin, al contrario que a ella, no le llamaban mucho la atención las fiestas. A pesar de todo eso, siguieron teniendo una amistad bastante especial, por eso no podía rechazar lo que ella le proponía, y menos si se lo pedía con ese tono de voz tan incitante. Se sintió un poco tonto, aquella mujer podía llegar a manejar a cualquier hombre, tendría que tener mucho cuidado.
Llegó por fin al punto de encuentro, respiró hondo y abrió la puerta del bar. Era un lugar extrañamente acogedor en el que no había mucha gente. Miró el gran reloj cuadrado que colgaba de la pared, había llegado cinco minutos antes de la hora prevista, justo como había planeado. Debajo del reloj, en una mesa un poco apartada del resto, pudo distinguir a una chica morena con guantes de seda negros que le miraba con una sonrisa enigmática; no cabía duda, era ella, Michelle. Se sorprendió al verla ya allí, pero no dejó que se le notase. Casi embobado por su belleza, colgó el abrigo y el sombrero en el perchero y se acercó a ella. Estaba realmente guapísima, sobre todo con ese vestido rojo que quitaba el hipo. Al llegar a su lado, Michelle, sin borrar su sonrisa de los labios, le miró a los ojos y le hizo un gesto para que se sentara en la silla que tenía delante.
_ Justin Holst... me alegro de verte... eres más alto que hace 10 años, según parece.
_Hola Michelle, tú también has cambiado.
_Sí, y a juzgar por cómo me miras, te gusta lo que ves...
Justin se ruborizó, pero por suerte ella no lo notó gracias a la escasa iluminación del bar. Tras pedir un Martini cada uno, iniciaron una conversación menos comprometedora para él.
_ Bueno, cielo, cuéntame: ¿qué has estado haciendo durante estos últimos años?
_ Pues... nada importante, estuve estudiando cinco años y después empecé a trabajar en la empresa de mi padre, estamos llevando a cabo un proyecto... muy importante.
Michelle le lanzó una de sus miradas sugerentes mientras jugueteaba con la copa en la mano, aún con los guantes puestos. Parecía hacerle gracia que Justin se sintiese incómodo. Subió una ceja y siguió indagando en su vida.
_ Vaya, qué misterioso te has vuelto... me gustan los hombres misteriosos... ¿De qué es ese proyecto?
_ Es... bueno, es algo secreto... no puedo adelantar datos a nadie antes de que lo terminemos todo...
_Oh, qué lástima, suena realmente interesante_ dijo ella mientras cruzaba las piernas, y después se dirigió al camarero_. Camarero, por favor, dos Martinis más.
_No hace falta que pidas otro para mí.
De nada sirvió que lo dijese, ella insistió. Riendo y guiñándole el ojo, dijo:
_ Vamos, Justin, no me digas que sigues siendo tan aburrido como antes. ¿Qué más te da? ¡Si invito yo!
Justin se dio cuenta de la cara de idiota que tenía e intentó controlar la situación, empezando por conseguir que Michelle dejara de hacerle preguntas sobre su trabajo. Se bebió de un trago su copa y comenzó a preguntar:
_ ¿Y tú, Michelle? ¿Qué hiciste después de terminar el instituto?
_ Estuve unos pocos años estudiando fuera y trabajé un tiempo en una oficina. Ya no estoy en el mismo sitio, a veces trabajo en la ciudad y otras veces tengo negocios fuera.
_Bien, por los pocos datos que das de tu actual trabajo deduzco que también tienes tus secretos dentro del ámbito laboral.
_ Ya ves... ¿te terminaste el Martini? Qué rápido... deja que te pida otra.
Justin abrió la boca para decir algo, pero luego pensó que se negase o no, iba a pedir otra copa. Pasó el tiempo y el bar se fue vaciando, hasta que solo quedaron un hombre con una gabardina que leía el periódico en una mesa apartada y ellos dos. Justin iba ya con su cuarta copa, mientras Michelle no llevaba ni la mitad de la segunda. Aprovechando esto, ella siguió interesándose en ese proyecto secreto que él llevaba a cabo en su empresa. Viendo vacía la copa de Justin, le pidió otra y siguió hablando:
_ Ese proyecto que tienes entre manos no debe ser nada fácil, ¿cuánto tiempo lleváis con ello?
_ Medio año, aunque parece mucho más. Estamos invirtiendo bastante dinero en investigaciones, hay muchos archivos, informes y demás cosas, algo tan importante no se termina en un día.
_Comprendo. Y dime, ¿cómo y dónde organizáis tantos documentos y archivos?
Justin soltó una sonora carcajada y se terminó la quinta copa.
_ ¿Dónde va a ser? ¡En los ordenadores de la empresa! Lo tenemos todo protegido por contraseña. Yo no suelo recordar muy bien las contraseñas, ni siquiera recuerdo el código PIN de mi móvil, asi que llevo una memoria USB siempre conmigo donde tengo escrita la contraseña y la mayor parte de los informes, por si tengo que adelantar trabajo en casa.
Michelle le miró fijamente, de nuevo con su sonrisa enigmática dibujada en el rostro.
_ Qué eficiente, Justin...
_ Hay que saber organizarse uno mismo y... esto... vaya, he bebido demasiado y necesito ir al servicio, en seguida vuelvo.
Medio minuto después, salió del baño. Ella había cambiado su sonrisa por un rostro inexpresivo, cosa que le sorprendió bastante, y tenía las manos bajo la mesa. No veía al camarero por ninguna parte y en la mesa había otra copa llena.
_ Veo que me has pedido otra copa. Bueno, ya estoy algo achispado, no creo que una copichuela más me vaya a hacer algo.
En poco tiempo ya se había terminado el sexto Martini. Miró a Michelle, que estaba analizándole con la mirada.
_ ¿Cómo te sientes, Justin?
_ ¿Que cómo me siento? ¿A qué viene esa pregunta? Anda, pídeme otra copa.
Ella se inclinó para acercarse más a él.
_ Creo que ya has bebido bastante.
Poco a poco, fue sintiendo punzadas en el estómago y un fuerte dolor de cabeza. Michelle volvió a repetir la pregunta:
_ ¿Cómo te sientes?
Dos segundos después, Justin lo entendió todo. Haciendo un esfuerzo, habló:
_ ¡Arpía! ¿Qué le has echado a la copa?
No contestó, se limitó a sonreír maliciosamente. A Justin se le nubló la vista y se desplomó encima de la mesa, tirando el vaso de Michelle. Después de esto, ella guardó un frasco cuentagotas en su bolso de cuero y le tomó el pulso. Con un aire triunfante, se acercó más al cuerpo sin vida de Justin y le sacó una memoria USB del bolsillo derecho del pantalón. Acto seguido, se dirigió a la mesa donde el hombre de la gabardina leía el periódico.
_ Aquí tienes lo que querías: los archivos secretos de la NGCH, supongo que te servirá para tus planes de arruinar a esa empresa.
_ Buen trabajo, señorita Lafleur. Es usted muy eficaz.
Michelle sacudió la cabeza, dirigiendo una mirada al cuerpo inerte de Justin y a la mano del camarero, que estaba desplomado al otro lado de la barra, también muerto.
_ Una asesina a sueldo tiene que saber como hacer su trabajo, ¿no cree?
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 11:28 am

RELATO Nº 2: Sin título II

Un humo extraño flotaba sobre la estancia. Bajo ese humo, la luz tenue de las velas dejaba ver los efectos de la bebida sobre la gente: dos tipos discutían acaloradamente sobre la posesión de unas tierras, vociferando desde una punta a otra del lugar y arrojándose jarras de cerveza a la cabeza con ira contenida que se estrellaban estrepitosamente en las paredes de piedra mientras otro les animaba, como queriendo que aquello acabara en tragedia; otro individuo echaba una cabezada sobre la barra, sin hacer caso a los intentos de una de las mesoneras de hacer que se despertara para que pagase la cuenta de una vez; cinco hombres de muy buena apariencia sentados alrededor de una mesa jugaban a algún juego de cartas, apostando cantidades abundantes de dinero o, en su defecto, terrenos o alguna de las mujeres que les acompañaba en ese momento. Por último, dos forasteros con unas cuantas copas de más, se dejaban seducir por dos mujeres de mala vida. Jacques, como todos los viernes, tocaba el viejo piano marrón que, cubierto por una fina capa de polvo, esperaba impaciente a alguien que le hiciera sonar. Esta vez, Jacques había escogido una canción lenta y extraña, muy acorde al ambiente de aquella noche. Todo esto ocurría mientras yo, como siempre, intentaba curar con alcohol las heridas que la crueldad del amor no correspondido hacia Paola me había hecho.
Alguien abrió la puerta, haciendo que chirriaran las bisagras. Miré de reojo, esperando que fuese alguno de esos tipos que acababan sentándose a mi lado contándome cómo perdió su nunca existente fortuna, echándome su pestilente aliento a la cara y escupiendo al hablar; uno de esos tipos a los que tan acostumbrado estaba ya. Cuando el hombre se quitó la capucha de su capa marrón, comprobé que en nada se parecía a lo que yo pensaba, era mucho peor. Era un anciano menudo, encorvado, con el pelo largo y cano y los ojos grandes y desorbitados. Se ayudaba de un largo bastón para disimular su cojera. Echó un vistazo a todos y, de pronto, clavó en mí su inquietante mirada y se acercó, pasándose la lengua por los dientes unas cuantas veces. Llegó a mi lado y me puso una de sus huesudas y arrugadas manos en el hombro, clavándome las uñas. Había algo en él que me hacía desconfiar, no parecía estar muy cuerdo, por eso procuré no mirarle cuando me habló.
_ Muchacho, lo veo, tienes un futuro maldito detrás de ti.
Aquel anciano no me conocía absolutamente de nada y me trataba como si no fuese así. No dije nada, pues me incomodaba su presencia, pero no tenía valor para echarle. Dejé que siguiera hablando.
_ Sí... lo veo, claro que lo veo _ repetía una y otra vez, pasándose de nuevo la lengua por los dientes_. Reclama tu amor una bella muchacha de gran importancia en el lugar, hija del Conde Amadeo.
Al escuchar eso, me di la vuelta y le observé con atención. Su mirada nerviosa me perturbaba. Pedí que siguiera, tenía que averiguar de qué conocía a mi amada Paola.
_ Abandonado por ella te sentiste, sí, mas ella jamás tuvo intención de ello. Detrás de todo está su padre, quien aseguró tu muerte si Paola se entregaba a tus brazos.
_ ¿Quién te dio esa información? ¿Quién te envía?
Dejó escapar una risita nerviosa.
_ Muchacho, el propio Conde Amadeo me envía, confiando en mis facultades como mago para encontrarte y llevarte ante él, de ese modo serás decapitado, pues asegura que tú eres el tormento que recae sobre la joven Paola. Como no permitirá que estéis juntos, la única solución es apartarte del camino.
No podía dar crédito a lo que escuchaban mis oídos. Nunca había sido muy afortunado, por lo tanto decidí no oponer resistencia.
_ He de suponer que no tengo escapatoria... así sea, dadme muerte cuanto antes.
Con un gesto, mandó que me callara y habló él:
_ Tienes valor, joven Gonzalo. No voy a ser yo quien te entregue, pero algo debo hacer, ya que desobedezco las órdenes que me han dado. Sin embargo, no tengo elección_ me miró intensamente, poco a poco comencé a sentirme cada vez menos pesado. Solamente una palabra interrumpió esa ligereza en la que me encontraba sumido_, ¡HUYE!
Esa palabra resonó en mi cabeza durante mucho tiempo. Algo me hizo salir corriendo del bar y perderme entre la espesura del bosque. Con su estúpida magia me había vuelto loco, para que ahora sea yo el que vaga por las calles llevando la perdición allá por donde piso. Ahora soy yo el que cuenta sus penas borracho en los bares y el que duerme a la intemperie, el que da pena y asco al resto. Ahora soy yo el alma errante.
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 11:30 am

RELATO Nº 3: Nuevas Canciones y Sonetos

Desde aquel lugar parecía que la torre Eiffel arañaba con su punta las grises nubes y abría una brecha en el cielo, era otro día gris en Paris. Sin embargo en la mesa de aquel café toda la atención estaba dirigida al papel en el que aquel hombre escribía todo lo que circulaba fugazmente en su cabeza. Así funcionan los poetas.

La campanilla que colgaba encima de la puerta repicó y una mujer entro, primero hablo con el camarero y después se acercó a la mesa del escritor.

-Supongo que he hecho bien pidiendo un café ¿no?
-Querida, los humanos tememos la oscuridad, representa lo más oscuro de nuestros corazones... pero a la vez nos fascina y sentimos una atracción de sucumbirnos ante ella y dejar salir nuestros más bajos instintos. Amo la oscuridad del café.
-Llevo el suficiente tiempo casada contigo como para saber no encandilarme por tus palabras. También podrías dejar de escribir cosas cuando hablas conmigo.

El silencio tras estas últimas palabras fue roto por la bandeja del camarero al dejar las bebidas de cada uno. El hombre aspiró fuertemente el aroma del café y tomó un sorbo pero arrugó el rostro al probarlo.

-Parece que se les ha olvidado echar azúcar.
-Tranquilo, siempre tengo un sobrecito de azúcar en mi bolso.
-Gracias... ¿Sabes? He acabado el libro, hablaré para que me lo publiquen.
-Eso es bueno, la gente se iba a olvidar de tu nombre si no escribías algo pronto.

Lo siguientes trazos de conversación fueron igual que el cielo de Paris, gris y denso, era un conversación en la que hablaban de todo pero se decía nada, no había un verdadero interés. Simplemente se arrastraban por los temas de la conversación, igual que las nubes por el viento.

...

-No has probado el café, ya se te habrá enfriado.
-El café solo se bebe en el momento justo, ni antes, ni después...¿Por qué has venido hoy a aquí? Normalmente prefieres irte a hablar con tus amigas de vuestras cosas o ir al teatro. Esas cosas que hacéis vosotros.
-He venido porque quiero estar contigo... ¿A qué te refieres con “vosotros”?
-A la gente aburguesada como tu familia que solo piensa en lo material de la vida y se encierra en eso.
-¿Y quién es de tu mundo bohemio, cariño? ¿Aquella jovencita con la que me dicen que paseas por los parques y a la que le dedicas cartas llenas de poemas? Por favor... el hecho de que pienses que soy una ignorante no significa que lo sea.
-Ignorante no eres, bien sabemos que yo soy menos listo que tú; pero por lo menos veo el mundo y sus colores y no la prisión gris en la que vives y me has hecho vivir.
Has querido llevarte el ave más hermosa y para ello has tenido que recortarle las alas y no dejarle volar nunca más.
-¡Basta de poesía! No sé como eso pudo atraerme cuando éramos novios.
-Eso es, ¿No lo ves? Yo no soy eso. Yo simplemente era un muchacho sencillo, poco tenía pero era libre y entonces llegaste tú e hiciste que mi corazón palpitara. Enamorarme fue atarme con cadenas a tu vida, tu aburrida vida burguesa, llena de hipocresía y apariencias. ¿Y te quejas de ella, mi joven amor? Ella es la única que me da sosiego, que ha conseguido que acabase el maldito libro. Ella no me hace palpitar el corazón, me hace palpitar la cabeza, me habla de cosas que ya ni me acordaba que había sentido.
-Maldito seas, bien que no te quejabas cuando al casarte empezaste a vivir cómodamente gracias a la posición de mi padre. ¿Y ahora? Lo único que haces es enviar cartas a una idiota que no sabe nada de la vida mientras los negocios de mi padre van mal. El único hipócrita eres tú.
-Claro... ¿Qué crees que soy yo? Para vosotros no soy más que un simple florero que enseñar a los demás para presumir que no solo gozáis de éxito, sino también de una sensibilidad exquisita. Un trofeo que enseñar y que os da buena publicidad.

Los dos se quedaron callados, el uno mirándose fijamente al otro y finalmente, el hombre cogió la taza de café y la acercó a su nariz para volver a aspirar su aroma, pero sin beber nada la volvió a dejar en la mesa.

-Me voy a ir con ella, estoy cansado de esto. Ella lo sabe todo y me entiende.
-¿Sabe también que te ibas con fulanas antes de conocerla? Que patético eres...
-Ahí esta la hipocresía de tu mundo, los maridos de tus amigas también lo hacen y lo saben como tú, pero no dicen nada para mantener las apariencias, claro está. Pero ahora que tu castillo de naipes cae lo reclamas todo ¿Por qué no lo hiciste antes?

Volvió a mover la taza y a removerla, jugando con ella pero sin bebérsela.

-Y a mí...a mí eso se me está pegando, tu mundo y el color gris. Se me está yendo el espíritu y necesito escapar de aquí. Quitarme este techo gris de mi cabeza, abrazarme a ella en la sombra de un manzano y que sus besos enciendan el fuego que ardía dentro de mí antes.
-¡Idiota! Mira el cielo, ¿de qué color es? Sal de tu maldito libro de poemas y enfréntate a la realidad, a cómo funciona el mundo. Te has reído de mí continuamente todo este tiempo tratándome como a un juguete y encima culpándome a mí de esto que está pasando, echándome en cara mi educación. ¿Hasta dónde crees que voy a permitir tantas humillaciones?

No hubo respuesta, simplemente se quedaron callados, desafiándose con la mirada hasta que el cogió la taza y finalmente se la bebió de un solo trago. Tras un intenso silencio ella comenzó a hablar pero muy suavemente, como si tuviera miedo de romper el silencio.

-¿Sabes? Creo que tu libro se va a vender muy bien...

Pero él no respondió, en ese momento le había dado una especie de espasmo y se había quedado muy quieto en el asiento. Ella continúo hablando.

-Los libros cuyos autores han fallecido recientemente venden mucho más... Espero que venda lo suficiente como para poder ayudar al negocio de mi padre. No me odies, no solo lo hago por dinero y para que lo veas, te pagaré el café.

Y la historia acaba como empezó, con la campana de la puerta sonando por una mujer que se va y el poeta escribiendo con sus últimas fuerzas bajo el cielo nublado de París.

“Argh! ...Café amargo, mi existencia dejo,
mientras solo queda en mis labios,
el recuerdo de tu aroma intenso...”
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 11:31 am

RELATO Nº4: EL crimen perfecto

Fredric Lacroix apuraba un vaso de whisky mientras la ceniza de su puro iba cayendo sobre el cenicero. Delante de él, un pequeño ordenador portátil en el que escribía entre trago y trago. Llevaba una americana gris perfectamente planchada y pantalones negros. Tenía el pelo peinado hacia atrás con abundante gomina. Costaba creer que alguien fuera tan poco sutil. Pero con los años, Fredric había aprendido que la mejor manera de ocultarse era ser grotescamente explícito. Y desempeñaba su papel de manera asombrosa.

En la pantalla se veía un documento Word de seis páginas, escrito en fuente Wingdings. Se había acostumbrado tanto a aquel cómodo sistema de ocultación que ya lo leía de corrido, como si de su idioma materno se tratase. Tras un par de pequeños añadidos en forma de notas al pie, cerró Word y se puso a buscar alguna red Wi-Fi abierta. Sin resultados, activó la conexión 3G de su portátil y abrió el navegador de internet. Entonces tecleó una dirección URL. Un chat privado se abrió, y sin más dilación apareció un mensaje.

Lùmiere: ¿Alguna novedad?
LesFeux: El crío aún no ha llegado. Estoy esperando.
Lúmiere: ¿Y el informe?
LesFeux: Estoy en ello, pero sin los datos que me faltan no voy a poder completarlo.
Lùmiere: Si no lo tengo mañana...
LesFeux: Las amenazas no van a servir, porque yo no puedo hacer nada. He encargado una investigación de campo y los resultados no deberían tardar mucho, así que no voy a mandarte algo incompleto sólo porque te entren las prisas. Este caso no se presta a ello.

Con esas palabras, Fredric se desconectó del chat. Tras consultar cinco direcciones de correo en las que sólo había spam y ningún dato que le gustase, terminó su bebida y guardó el ordenador en un maletín del que previamente sacó un libro. Cien páginas después Lex Lambert apareció en su mesa, calado de pies a cabeza. Lacroix no levantó la vista hasta que Lex empezó a hablarle.

-La cosa estaba muy mal. Creo que nunca me había enfrentado a algo tan enrevesado. Pero finalmente he logrado que todo funcione a la perfección- explicó Lex Lambert, apartándose el empapado flequillo rubio que le tapaba los ojos en un ademán de presunción.
-No te las des de experimentado. Tienes diecisiete años, y hace uno que trabajas para mí. Sólo eres un niñato con cierta capacidad para camuflarte con el entorno y que no es un desastre como investigador.

Lex suspiró. Sabía que Fredric podía ser muy brusco. Sobre todo cuando su orgullo adolescente le vencía y no podía evitar jactarse.

-Perdón - se disculpó con velocidad. - Bien, tenemos unas diez páginas de información. He transcrito dos conversaciones que ocupan la mayoría del texto, el resto son impresiones mías y un pequeño resumen.
-Creo que puedo sintetizar las cosas un poco mejor que tú, Lambert. No necesito que me masques los datos.
-Vale, perfecto. - espetó Lex, ya harto - Pues aquí tienes el cuaderno. Dame la pasta y búscate a otro subnormal que cumpla tus exigencias.

El hombre pasó una pequeña cartera a Lex, que la cogió de un tirón y se marchó sin mirar siquiera su contenido. Fredric Lacroix volvió a sacar su portátil para añadir los datos que le faltaban. Tardó unos cuarenta minutos en copiar y volver a redactar toda la información recopilada por Lex, después lo guardó en tres lugares distintos de su PC y cargó el chat.

LesFeux: Está todo listo. Por lo que tengo aquí y lo que guardo en casa, tenemos pruebas suficientes para encerrar a ese capullo asesino de por vida.

Lacroix se sorprendió de la tardanza de su interlocutor. Nunca perdía de vista la pantalla cuando estaban así de metidos en un caso.

LesFeux: ¿Tanto te impresiono que no sabes ni qué decirme?

Una invitación a la transferencia de un archivo JPG saltó ante los ojos de Fredric. La aceptó, e instantes después pudo abrirla. El detective se quedó sin palabras. La cabeza de Guillaume Mourchois, Lùmiere sangraba sobre una cama, atravesada por una bala. En el chat, el nick Lùmiere se transformó en Your_Nightmare.

Your_Nightmare: Deberías pedirte otro vaso ahora. Será el último.

Fredric se levantó de golpe, guardó el ordenador a toda prisa y salió del bar atropelladamente. A la salida, un encapuchado con una PDA en la mano le disparó en pleno corazón. Tras ahogar por siempre los latidos del corazón del detective, le arrebató el maletín y huyó hasta un coche, con el que desapareció de la escena del crimen. A lo lejos, Lex Lambert tenía un nudo en la garganta, como culpable directo, aunque no ejecutor, de aquel crimen. Estaba arrastrando los pies en dirección a su casa cuando una cuchillada rasgó su espalda y le derribó. Detrás de Lambert, una mujer soltaba una navaja, pisoteaba su móvil y tragaba una pequeña pastilla de cianuro.La última llamada perdida de la mujer notificó a Your_Nightmare el cierre del círculo para el crimen perfecto.
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 11:33 am

RELATO Nº5: Sin título III

El grupo de bandidos- unos diez- entró en fila al pequeño antro abarrotado. Era el típico local repugnante con todo tipo de nombres puestos por los lugareños, como “El Cartas” o “La Guarida”, sin duda debidos a todo tipo de anécdotas que era posible que nunca hubieran sucedido.
Ninguna de las personas se mostró nerviosa por la repentina entrada de la hampa, a excepción del tabernero, por supuesto. Harían como todos los días: entrarían, beberían, darían voces y se irían. Eso sí, un pequeño descuento por parte del nervioso tabernero también ayudaría a evitar altercados.
Todos y cada uno de los bandidos parecían recién salidos de una mina. Estaban llenos de polvo y con manchones negros en la piel. Además algunos de ellos llevaban sacos a su espalda.
-¡Sirve una ronda de whisky!- exclamó Reagan, el líder indiscutible. Después, mirando a toda la gente reunida en el lugar bramó- ¿Qué pasa?, ¿¡ni un triste saludo!?
Nadie respondió, aunque algunos levantaron la vista de sus partidas de cartas o de la copa.
En una de las mesas del fondo uno de los pueblerinos le dijo a uno de sus acompañantes- que también tenía aspecto de maleante-:
-¿Sucede algo Tom?, ¿no irás a dejar que esos bandidos os dejen en ridículo a ti y a tu banda?
El otro individuo, cuyo nombre era efectivamente Tom Lock, era sin duda el famoso bandido que había aterrorizado varios a varios pueblos a la redonda unos años atrás. Ahora estaba “jubilado”, aunque había quién decía que de vez en cuando recuperaba las costumbres de su oficio a pesar de sus caso cincuenta años.
Pasaron unos segundos.
-Vale, como tu quieras- le dijo el hombre anónimo mientras se recolocaba su sombrero. Tom gruñó y se levantó.
-Yo no saludo a ridículos novatos- declaró lo más alto que pudo, pero sin gritar. Para que todos los presentes se enteraran.
Reagan se percató por primera vez del viejo maleante y, reprimiendo su enfado le respondió:
-No son los saludos de un viejo cobarde y cascarrabias los que busco.
Los lugareños compartieron miradas nerviosas. Nadie se habría atrevido a hablar así a Tom.

Las puyas continuaron durante un rato y, como era de esperar, pronto comenzó una pelea en el local.
En cuando empezó la mayoría de los clientes huyeron despavoridos, aunque hubo unos cuantos que se involucraron en la pelea- ya fuera por accidente o por haber tomado unas copas de más-.
La lucha fue espectacular. Pocas así se habían visto en ese pueblo. Mesas, sillas y toda clase de instrumentos propios del antro salieron volando y estallaron contra las castigadas paredes durante más de media hora.
Solo hubo una persona que se mantuvo indiferente ante la caótica situación: el pueblerino que había instado a Tom a iniciar el conflicto. A salvo en la zona del fondo del local de casi todos los proyectiles, el individuo no había perdido su aura de tranquilidad en ningún instante durante todo el altercado. Había seguido bebiendo whisky con los pies apoyados cómodamente sobre la mesa. Era bastante probable que fuera el único de los hombres que aún quedaban en el establecimiento que aún no había recibido ni un puñetazo ni una silla en la cabeza. Aunque una botella se le había pasado bastante cerca.
Cuando la acción acabó y solo quedaron de pie uno o dos hombres tambaleantes de los casi treinta que había habido al principio el individuo se levantó y cruzó todo el lugar caminando hacía Reagan con su sombrero de ala ancha ocultándole el rostro.
-Vaya, vaya, ¿que te ha ocurrido Reagan?- le dijo vacilante- No se te ve muy bien.
El otro, que estaba tumbado sobre una mesa volcada y medio rota le miró mientras un hilillo de sangre se deslizaba por su rostro.
-Encantado de verle sheriff.- le dijo- ¿Habrás disfrutado del espectáculo?
-Más de lo que nunca podrás llegar a imaginar.- le respondió este- Aunque he disfrutado más por ver a un viejo conocido, ¿no es así, Tom?
El viejo bandido consiguió levantarse tambaleante unos metros mas allá.
-Así que eras tu desde el principio, viejo perro. Ha pasado mucho tiempo.
-Sí, hacía unos años que no coincidíamos.- le dijo el sheriff- Pero hay caras imposibles de olvidar.
Tom suspiró, tampoco había acabado muy bien después de la pelea.
-Entonces sheriff Thompson. ¿Me va a detener?
-No.- le respondió animadamente el otro, como si todo se tratara de un juego de niños. Dio una patada a Reagan y comenzó a ponerle unas esposas.- Solo he venido a arrestar a uno de estos novatos fanfarrones. A ti no te he visto delinquir.
Reagan quiso responder, pero el sheriff le hizo callar a mitad de la frase de un puntapié.
-Muy generoso por tu parte- le respondió en tono burlón Tom.
-Y por la tuya el ayudarme a capturarle.- le dijo Thompson.- Sin embargo habéis destrozado este bar- se acercó a Tom sin soltar a Reagan, a quién puso de pie.
-Tómalo como un lado colateral.
-Me temo que no puedo hacer eso por muy agradecido que te esté.- le dijo. Caminó hacia el lugar donde yacía inconsciente uno de los compinches de Tom, tomó una de las bolsas que había traído y la abrió- ¡Vaya! Aquí hay unas cuantas pepitas de buen tamaño, tanto que dudo de su legalidad.
-Capullo- le espetó Tom.
Thompson le ignoró. Cogió diez pepitas de la bolsa.
-Toma Stuart.- le dijo al tabernero escondido detrás de la barra mientras le lanzaba la bolsa- Te sobrará para arreglar todo esto.
El macilento tabernero logró ponerse en pie y coger el botín.
-Gra-gracias- fue lo único que logró articular.
-Ha sido un placer volver a verte Tom.- le dijo el sheriff sonriente al enfurecido bandido mientras acercaba a Reagan de una patada a la salida del tugurio.- Le daré estas diez pepitas al cochero al que habéis destrozado el coche al usar las ventanas como salida.
-Espero no volver a verte- le dijo Tom, como amenazándole.
Thompson levantó la mano como despedida y salió del local con Reagan esposado. Otro caluroso día daba a su fin.
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 11:35 am

RELATO Nº6: BANDIDOS DE LOS ASTEROIDES DEL SUR

Aquel tugurio ni siquiera merecía ser llamado taberna. Un destartalado edificio de ladrillo en un aerolito apartado de las principales rutas comerciales. Era un milagro que ese pedrusco siquiera hubiese sido atmosferizado, pero la casualidad, o el destino, habían dictado que se descubriera en pleno boom de la colonización espacial, tiempos en los que hasta un grano de arena suspendido en el vacío habría sido imbuido con agua y aire. Aun así, siendo un lugar habitable, sólo aquel bar de mala monta se alzaba en la rocosa tierra del cuerpo celeste.

Aidan estaba tirado en una silla, dando largos tragos a una enorme jarra que contenía un licor azul que olía a alcohol, menta y almendras amargas. Se trataba de un hombre alto de enmarañada cabellera negra, ojos pardos y con una cicatriz cruzándole la boca. Vestía con un típico traje isotérmico azul con aspecto antiguo, en el que estaba grabada una cruz asimétrica con diversos adornos en los vértices de los ángulos y una calavera geométrica en la punta superior. El símbolo de los piratas.

Como tantos otros, Aidan había decidido escapar de la pobreza que le asediaba en su tierra natal mediante el pirateo. Una nave pequeña y anticuada con menos de media docena de tripulantes era todo lo que tenía. El resto dependía de su suerte y habilidad. Carecía de lo último, pero la fortuna no le abandonaba en casi ninguna ocasión. Y cuando lo hacía, cogía su anticuado transporte y se dirigía al único sitio donde podía refugiarse sin disfraces que le hicieran parecer un simple trabajador de una planta fabril.
Cuando estaba allí, solía tragar ingentes cantidades de alcohol hasta caer sobre la mesa y dormir durante una jornada entera. Después se marchaba a su base y preparaba un golpe. Se embarcaba en la nave, esperaba por una corriente poco transitada a que llegara un carguero interesante y disparaba con todo su arsenal. Y luego otra vez, y luego otra más. Si fallaba, volvía al principio. Un círculo vicioso sin complicaciones.

Aunque Aidan era un hombre silencioso en sus alcoholizaciones, no podía decirse lo mismo de los piratas que se encontraban al otro lado del establecimiento. Risas, gritos y golpetazos sobre la mesa ya pegajosa sólo se interrumpían por sonoros tragos de una aúrea bebida con la que rellenaban sus vasos sin cesar. Eran, al contrario que Aidan, una pequeña tripulación que había tenido éxito en su último ataque. Tendrían suerte si el piloto no se embriagaba demasiado y les estrellaba contra un asteroide.

Así estaba la dinámica del bar cuando la puerta se abrió con violencia. Los celebrantes se quedaron callados, Aidan levantó la cabeza, el camarero se giró casi derramando el barril donde removía una fuerte mezcla de licores. El sonido de esa pierna metálica era tan inconfundible como atemorizante. Aristóteles Alai. El terror de las corrientes.

El mejor de todos los piratas espaciales. Implacable, hábil, fuerte, inteligente, feroz y gran estratega. Conocedor absoluto del comportamiento humano, jamás había fallado al añadir un miembro a su tripulación, la más efectiva de todas las que habían surcado el espacio. Había tocado el cielo. Pero la avaricia y la mala suerte se aliaron en su contra. En una batalla campal en la cubierta de la nave Traphalgas, sus compañeros fueron masacrados sin piedad. Alai pudo huir en un ejercicio de loco valor, pero perdiendo su pierna izquierda por el camino.

Se había implantado una pierna de metal, pero no había vuelto a ser el mismo. Su mirada se había tornado oscura y hosca como una noche fría y sin luna, su cabello y barba habían encanecido antes de tiempo, su rostro se había cubierto de arrugas. Y, sobre todo, su espíritu había caído donde lo hizo su tripulación. Se había convertido en un alma en pena que caminaba sin sigilo por el submundo de los piratas.

Alai se acercó al regente del bar. Se llamaba Pierre. Era alto y musculoso, vestido con un traje rasgado por las mangas para permitir ver el signo pirata que llevaba tatuado en rojo y negro en ambos hombros. Y aun así, se encogió al ver a aquel hombre con aspecto de viejo mirarle a los ojos. Acostumbrarse a Aristóteles era una misión imposible.

-Ya sabes lo que quiero - dijo el pirata, con su voz seca y monocorde.

Pierre cogió una botella de un estante, y vertió su contenido, traslucído y bastante turbio, en una jarra. Un olor acre y ácido invadió el bar cuando la bebida se depositó en el frasco de cristal. Aristóteles Alai se bebió aquel líquido de un trago, sin una sola mueca. Sin mediar palabra, el camarero sirvió otro vaso, y luego otro más. Cuando pidió el cuarto, recibió una mirada fulminante del hombre tras la mugrienta barra.

-No queda. - dijo Pierre intentando que no se trasluciera el miedo que sentía.

Si la mirada del camarero había sido intensa, la de Aristóteles superó todas las marcas que hubieran podido ser establecidas con anterioridad.

-Pues entonces sírveme eso - dijo señalando a una botella de color amarillo fluorescente arrinconada en uno de los estores de metal oxidado que adornaban la taberna.

-Es corrosivo incluso para ti.

-No vengo para que me des lecciones de cómo existir en este desastre al que suelo llamar vida. Si quiero alcohol concentrado, me sirves lo que yo quiera. Así que abstente de decirme nada.

Pierre asió la botella con violencia y dejó caer el contenido, un líquido de color blanco brillante, con un olor aún más intenso que el anterior, en el interior del vaso. En ese momento, herido en lo más profundo de su orgullo y honor pirata, escupió dentro del vaso, enturbiando todavía más aquel nauseabundo licor. Todo el bar contuvo la respiración mientras miraba a Aristóteles y al camarero, alternativamente. Entonces, el antiguo capitán pirata bebió un sorbo de aquello.

Los tres piratas de la esquina estallaron en carcajadas ante la sumisión de Alai. Pero sus risas y sus susurros a voces mofándose del hombre cuya cabeza había valido incluso estrellas se cortaron al instante cuando Aristóteles tiró el resto de la bebida a la cara de Pierre y después lanzó una cerilla. Los gritos del camarero cuyo rostro ardía fueron lo más escalofriante que aquellos hombres, acostumbrados al odio, al dolor y a la violencia oyeron en sus vidas. Mientras tanto, Aristóteles se marchó sin mediar palabra, engrosando su propia leyenda cuando parecía muerta.
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 11:35 am

Ya están todos. Ahora a leer y a comentar Very Happy .
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 3:12 pm

Ya he votado. Tenía poco donde elegir(cosas de presentar dos relatos), pero entre ellos he tenido más de una duda.

Aun así, buen nivel. A ver si acierto con mis quinielas de autores Razz
Ah, y no olvidéis que votar es obligatorio para los participantes.
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 3:27 pm

Jope lo ponéis demasiado difícil, cada vez que los leo tengo más claro que no voy a ganar ni de palo.

No obstante... vote!! Razz

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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 5:42 pm

Que asco de concurso y muestra de poca originalidad: 4 van de una conversación en un bar que acaba en una situación poco favorable para ellos (muerte en algún caso) de una de las personas (En tres de ellos como tema dominante el amor) y los otros 2 de trifulcas en un bar. No me ha gustado nada, a ver a quien voto porque no tengo ni idea.

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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 6:20 pm

Hombre, L, somos pocos y el tema no da para tanto. Que se parezcan vale, pero ni que fueran un desastre. Dentro de los parecidos, hay distintos enfoques y temas. Asi que similitudes y quizá poca originalidad en general vale, pero asco de concurso me parece exagerar demasiado.
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 7:07 pm

El concurso se basa en los relatos. Si todos los relatos son lo mismo, es como leer una cosa 6 veces. Vamos, una cosa aburrida y exasperante. Que podrá haber diferentes excusas para justificar eso, pero no quita que para el lector este concurso sea repetitivo. Y si se le hace tediosa la lectura no tendrá ningún problema en calificarlo de "asco"
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Sáb Mar 20, 2010 7:14 pm

A mi tampoco me ha parecido tan tedioso. El mes pasado fue más variopinto y entretenido, pero esto No es malo. Espaciando ligeramente la lectura, no hay gran problema.


Pero, al fin y al cabo, es tu opinión. Espero que el mes que viene el concurso sea más variado. Si hay una condición algo más abierta y motivación, las vacaciones harán el resto Smile
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Dom Mar 21, 2010 12:48 pm

Venga hombre que tampoco era una condición tan mala! Piénsalo de este modo, si fueras guionista o escritor, te tocaría escribir una escena en un bar fijo. Y dado que no te ha gustado deduzco que no lo hubieras hecho, así que está bien.
Otra cosa que he notado es que no habéis escrito nada de elfos o esas cosas que os gustan, y yo nunca dije que no se pudiera!
No sé, en mi opinión no era un tema tan cerrado, podía ser un bar de un pueblo, con espectáculo y mil más, dije un bar; pero la sociedad es libre!
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Dom Mar 21, 2010 1:54 pm

Yo no digo eso, podría ser de cualquier cosa hasta de un tío que sueña algo mientras ha pilaldo una cogorza en un bar. De lo que em quejo es de la repetitividad de los relatos. Cosa de la que tú también te quejas.

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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Dom Mar 21, 2010 3:28 pm

En fin, deberíamos dar el tema por zanjado. L, no niego que tengas razón. Pero es que la manera de expresarlo en el primer mensaje...me pareció totalmente carente de tacto. Con lo que ha costado que haya edición, y el esfuerzo que hemos tenido que poner, leer que es un asco de concurso fastidia bastante.

Y ahora a ver si a nadie se le olvida votar. Y a ver si gano...ejeeem.
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Dom Mar 21, 2010 6:49 pm

A mí lo que me fastidie bastante es que el contexto en el que se haya producido este concurso no haya sido el mejor para que encima no tenga idea de quien votar porque todos hablan de lo mismo y no hay ni una propuesta original (Y no tengo ningún problema en reconocer que yo también he sido poco original). El asco se define como una sensación desagradable, y esa es la sensación que me ha dejado el concurso.
Además no tengo ni idea de a quien votar y tengo la sensación de que depende del momento en que vote voy a votar a relatos diferentes. Lo cual no es nada justo que mis votos dependan del factor tiempo.

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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Dom Mar 21, 2010 10:26 pm

Aunque es cierto que no ha habido gran originalidad esta edición tampoco es para ponerse así. Como tu mismo has dicho no estamos en el mejor momento (muchos tenemos exámenes y trabajos que hacer y poco tiempo libre) para participar en concursos de relatos. No puedes esperar que una edición desarrollada durante finales de un trimestre sea la mejor, la más original o la que cuente con más participación.

Si te fijas en cada relato por separado verás que el autor se centra en un tema o en otro y lo expresa de forma diferente a los demás. Allí está la diferencia.

Además después de lo que ha costado que la haya podrías expresar tu opinión de forma más suave.
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MensajeTema: Re: Relatos de marzo   Hoy a las 3:42 pm

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